27.1.12

Mi corazón está lleno de amor: a nadie le importa lo que me meta en la boca. Quizá sin ti el mundo se estropea pero echo de menos lo absoluto, lo necesito para no desmayarme. Sobreentender la infidelidad como parte de nosotros mismos, reducir el sentimiento para que quepa en el café que tomamos juntos algunas mañanas. Tienes una jodida mente encantadora. Te digo lo del sexo con otros pero sigues metiéndote en la cama conmigo alegando que, de todos modos, las relaciones humanas no suelen funcionar. Reconozco que nunca he querido casarme con ellos, tener hijos con ellos, incluir mis apellidos en su árbol genealógico. Te confieso que heriste mi estómago, que el psicólogo es esa tercera persona que le dice a tu madre que no eres una persona normal.